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Un pasillo pintado de gris, una cancela, una garita con un portero y un cartel que dice que se cierra a las Así es la antesala de uno de los prostíbulos 'históricos' del distrito de Arganzuela , el del paseo de las Delicias Los usuarios lo apodan como 'Rue de la Almeja'.

No obstante, los clientes critican en Internet esta 'Babilonia del sexo' por sus condiciones higiénicas cucarachas, chinches y ausencia de aseos para limpiarse , la edad y aspecto de las mujeres que ejercen y l os matones a sueldo del mafioso de turno que no dudan en sacar el bate de béisbol a pasear en cuanto los clientes se pasan de la raya.

En la calle, los coches y los viandantes reciben publicidad sin tapujos sobre los pisos de alterne. Apenas hay vecinos que critiquen la situación. La prostitución impone una ley del silencio en la manzana. El local cuenta con varias denuncias ante la Policía Municipal de ciudadanos que no quieren que la zona se convierta en un 'Distrito Rojo'. Madridiario ha tenido acceso a dichos expedientes. Tan solo se pudo actuar en relación a la inspección de un local en la planta baja cuya presunta actividad es la de centro de masaje no terapéutico.

Así funciona este edificio: Sale una joven mulata adormilada, le digo que me lo pienso y que ahora le diré algo, la chica vuelve a su cuarto y yo me quedo un rato hablando con la madame. El de Delicias, entre un bar y un bazar, abre las puertas de 9 de la mañana a 10 de la noche D. También me dice, con poca convicción, que las chicas no viven allí: También me dice que cada burdel es independiente de los otros.

Yo le pregunto que por qué y ella me dice que porque así es la vida. Que si me interesa la chica. Ya le estoy haciendo demasiadas preguntas. Salgo y subo al tercer piso. En el tercero también hay una sola puerta abierta.

Tiene un cartel en chino, escrito a boli en una hoja de libreta. Pero en la puerta hay una señora colombiana que me atiende. Se conoce que es cliente habitual, porque lo reciben casi con honores de jefe de estado. Yo aprovecho la confusión y me largo. Dentro distingo hasta tres voces femeninas con acento latinoamericano.

Decido no entrar; ya sé lo que me voy a encontrar. El es otra cosa. Para empezar, en la puerta hay dos ecuatorianos que hacen de seguridad, de guías para los clientes y de recaderos para las prostitutas. Yo decido subir por las escaleras para ver qué me encuentro, pero no hay ni rastro de prostitutas agresivas. Cada piso tiene una sola puerta y hay que tocar. Pasas, se presentan y decides.

Tiene 5 pisos y guardias de seguridad clandestinos en la puerta Moeh Atitar. Le digo que yo no venía a tener sexo sino a hablar. Me dice que bueno, que algunos lo hacen. Yo le aclaro que no es sobre mis penas, sino sobre su trabajo. Se encoge de hombros y me dice que si le garantizo anonimato, no le hago fotos y le pago, que vale. Se hace llamar Helen, tiene 27 años, es paraguaya y tiene dos hijos, los dos en su país. En este edificio, al contrario de lo pasa en el , todos los burdeles son del mismo propietario , un ecuatoriano que tiene otras casas por Madrid.

Helen estuvo antes en un hotel de carretera, pero le obligaban a pagar casi euros diario por la habitación y la comida. Pero tener a los chicos de seguridad abajo da mucha tranquilidad. Algo que no pasa en el , donde el fuerte olor a rancio es uniforme en todo el edificio. El funciona desde hace unos siete u ocho años, le han dicho. Yo no llegué a verlo. A una chica, Crisafulli tuvo que rescatarla de un burdel, a punto de desfallecer. La puse la mano en el cuello y comprobé que estaba ardiendo.

La joven llevaba tiempo escapando del sida, pero ese día en el hospital dio positivo. Pero también por la discriminación de la mujer en el país. En septiembre, a los pocos meses de llegar Crisafulli, Don Bosco Fambul hizo un estudio en las calles de la capital. El religioso se acercó a un grupo de seis: Aminata, Victoria, Teresa… Crisafulli recuerda a la perfección sus nombres e historias.

Al principio le tomaron por traficante, miembro de una de esas mafias que venden a estas chicas para enviarlas a Guinea Conakri, Liberia, Gambia… O incluso a Europa, de donde, antes de la guerra, solían venir muchos turistas en busca de sexo barato con menores en las paradisíacas costas de Sierra Leona. El salesiano les ofreció llevarlas al día siguiente al hospital para un chequeo. Pero a las siete de la mañana me avisan: Me impresionó cómo los tomaron en sus manos, con qué cariño los miraban.

Aminata, en un fotograma del documental de Misiones Salesianas Love. Se les ofrece un plato de comida. Y a bordo viaja una enfermera para hacerles el test del sida, la hepatitis b o la malaria. Si no llevan mucho tiempo en la calle, una primera solución es buscar a familiares que se hagan cargo de ellas. En el año y medio de andadura han pasado por el refugio unas chicas.

También me dice, con poca convicción, que las chicas no viven allí: También me dice que cada burdel es independiente de los otros. Yo le pregunto que por qué y ella me dice que porque así es la vida. Que si me interesa la chica. Ya le estoy haciendo demasiadas preguntas. Salgo y subo al tercer piso. En el tercero también hay una sola puerta abierta. Tiene un cartel en chino, escrito a boli en una hoja de libreta. Pero en la puerta hay una señora colombiana que me atiende.

Se conoce que es cliente habitual, porque lo reciben casi con honores de jefe de estado. Yo aprovecho la confusión y me largo. Dentro distingo hasta tres voces femeninas con acento latinoamericano. Decido no entrar; ya sé lo que me voy a encontrar. El es otra cosa. Para empezar, en la puerta hay dos ecuatorianos que hacen de seguridad, de guías para los clientes y de recaderos para las prostitutas. Yo decido subir por las escaleras para ver qué me encuentro, pero no hay ni rastro de prostitutas agresivas.

Cada piso tiene una sola puerta y hay que tocar. Pasas, se presentan y decides. Tiene 5 pisos y guardias de seguridad clandestinos en la puerta Moeh Atitar.

Le digo que yo no venía a tener sexo sino a hablar. Me dice que bueno, que algunos lo hacen. Yo le aclaro que no es sobre mis penas, sino sobre su trabajo.

Se encoge de hombros y me dice que si le garantizo anonimato, no le hago fotos y le pago, que vale. Se hace llamar Helen, tiene 27 años, es paraguaya y tiene dos hijos, los dos en su país. En este edificio, al contrario de lo pasa en el , todos los burdeles son del mismo propietario , un ecuatoriano que tiene otras casas por Madrid.

Helen estuvo antes en un hotel de carretera, pero le obligaban a pagar casi euros diario por la habitación y la comida. Pero tener a los chicos de seguridad abajo da mucha tranquilidad.

Algo que no pasa en el , donde el fuerte olor a rancio es uniforme en todo el edificio. El funciona desde hace unos siete u ocho años, le han dicho. Yo no llegué a verlo. Aquí no hay peleas. A los clientes también les da mucha calma ver que hay alguien de seguridad.

Pero al tratarse de un negocio soterrado y en manos de mafias, nadie va a poder reclamarlo. Se les ofrece un plato de comida. Y a bordo viaja una enfermera para hacerles el test del sida, la hepatitis b o la malaria. Si no llevan mucho tiempo en la calle, una primera solución es buscar a familiares que se hagan cargo de ellas.

En el año y medio de andadura han pasado por el refugio unas chicas. Para el futuro próximo, cuando haya fondos suficientes, Jorge Crisafulli quiere poner en marcha un proyecto que ya tiene nombre: Hope Place Plaza Esperanza , dirigido a chicas, que vivirían en pisos tutelados por un trabajador social y un asistente, mientras reciben educación. Uno de sus mayores triunfos ha sido rescatar de la calle a Aminata, joven de 17 años, procedente del primer grupo de chicas a las que se acercó en septiembre de La historia de Aminata ocupa un lugar central en el documental de Misiones Salesianas Love , que muestra varios fallidos intentos del salesiano, hasta que finalmente Aminata aceptó irse a vivir con su abuela, y los salesianos le ayudaron a montar una peluquería.

Otra historia de éxito es la de Augusta, que tras dejar la calle, se formó en hostelería y ahora tiene su propia empresa de catering. La joven suele ir a dar charlas a las chicas de Don Bosco Fambul, para mostrarles que hay una salida. Las proporciones se repiten entre los trabajadores sociales de Don Bosco Fambul y las chicas que atienden.

Pero esa diferencia religiosa no impide que se hable de Dios. Una frase que les repito mucho es: Y en la parroquia de Freetown, 30 personas ingresaron en la Iglesia católica, casi todas procedentes del islam. Las obras de misericordia. Eso lleva a las personas a cuestionarse: La prostitución impone una ley del silencio en la manzana.

El local cuenta con varias denuncias ante la Policía Municipal de ciudadanos que no quieren que la zona se convierta en un 'Distrito Rojo'. Madridiario ha tenido acceso a dichos expedientes. Tan solo se pudo actuar en relación a la inspección de un local en la planta baja cuya presunta actividad es la de centro de masaje no terapéutico.

En ese sentido, los agentes pusieron denuncias por ejercer una actividad distinta a la autorizada el alquiler de habitaciones en lugar de lo anteriormente comentado , la instalación de elementos no reflejados sin licencia, el ejercicio de la actividad sin presentar licencia de funcionamiento y la carencia de hojas de reclamaciones. El Grupo Municipal Ciudadanos va a presentar este miércoles en el Pleno de Arganzuela una proposición para solucionar el problema en la zona.

Ciudadanos pidió información a la concejala del distrito, Rommy Arce , sin que esta haya facilitado detalle alguno sobre las acciones que pretende desempeñar el Ayuntamiento en la zona. A pesar de la solicitud expresa de este medio de comunicación, la edil no ha dado ninguna información acerca del problema ni de la acción municipal al respecto.

El citado plan concreta que, en , existían alrededor de Solo la prostitución representa el 0,35 por ciento.

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Son latinos y suelen estar en la calle intentando captar clientela o vigilando desde la acera de enfrente. Algunas practicaban relaciones sexuales en las mismas camas en las que dormían. Y en la parroquia de Freetown, 30 personas ingresaron en la Iglesia católica, casi todas procedentes del islam. A veces es tan fuerte el conflicto que cuesta poner en valor las distintas consecuencias que tienen sobre las mujeres. Y ahí hay que apuntar. La puse la mano en el niñas prostitutas prostitutas arganzuela y comprobé que estaba ardiendo. Pero tener a los chicos de seguridad abajo da mucha tranquilidad. Salgo y subo al tercer piso. Una frase que les repito mucho es: Luego pienso que igual voy a parecer muy desesperado llegando el primero. La mezcla de nacionalidades es chocante, pero hay un nexo: Al descender las desvencijadas escaleras se oyen retazos de conversaciones y se observan escenas robadas:

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